Este antiguo faro construido el año 1771, y reconvertido a reloj en el año 1911, fué el primer faro que tuvo el puerto de Barcelona, y ha sabido reconvertirse y adaptarse a nuevas funciones a lo largo de su historia. Este año celebra su 250 aniversario, y lo hace de la mejor forma posible, con una exposición en el Portal de la Pau, y con una remodelación integral de la torre, incluyendo un nuevo sistema de iluminación como puede verse en la fotografía.
Este faro fue un edificio muy relevante del litoral barcelonés en los siglos XVIII y XIX, siendo protagonista de dos hechos relevantes. Entre los años 1792 y 1798, los astrónomos franceses Jean-Baptiste Joseph Delambre y Pierre Mechain, tras un encargo de la Academia de París que luego derivó en el establecimiento del sistema métrico decimal, utilizaron esta torre como uno de los puntos geodésicos para medir la longitud del meridiano de París, concretamente el tramo entre Dunkerke y Barcelona.
En 1859 el ingeniero y urbanista Ildefons Cerdà, en su diseño del ensanche barcelonés, utilizó la torre de Reloj del barrio de la Barceloneta como el punto donde confluyen dos de las arterias más importantes de la ciudad de Barcelona, las avenidas del Paral·lel (Paralelo) y de la Meridiana. Para los habitantes y visitantes de la ciudad, ambas arterias están alejadas y cuesta establecer alguna conexión entre ellas, pero al igual que ocurre en la geografía, los paralelos y meridanos están llamados a cruzarse, y en Barcelona lo hacen en esta torre.
En el año 1904 debido a la ampliación del puerto y a la construcción del faro del Llobregat, dejó de utilizarse como faro y fue en el año 1911 cuando se convirtió en reloj, exactamente en cuatro relojes cada uno encarado a uno de los puntos cardinales, y además escondiendo un pequeño secreto, y es que los números 7 de las esferas son pequeñas ventanas.
Un tesoro para disfrutar y conocer, y que forma parte de una reforma integral del Muelle de Pescadores que en breve va a acometer la Autoridad Portuaria de Barcelona.

