Esta semana ha sido noticia el relevo en la Presidencia del Puerto de Barcelona. Mis mejores deseos para Lluis Salvadó, ya que sus éxitos serán los nuestros, y una saludo afectuoso para Damià Calvet que ha dejado huella durante sus meses en el cargo.
Llevo muchos años en contacto regular con la Presidencia de muchas autoridades portuarias, y debo decir que si hago un ranking de compromiso, dedicación, representatividad e interés por el puerto y sus empresas, Calvet está en una posición muy alta de la clasificación. Y he tenido y tengo la suerte de colaborar con excelentes Presidentes y Presidentas.
Las Presidencias de los Puertos en España, que son altos funcionarios del Estado, se designan por la administración autonómica. En la mayoría de casos, quienes ostentan el cargo son del partido gobernante o tienen afinidad política, lo cual tiene toda la lógica porque es un cargo político. La ley tan solo menciona, que la persona que lo ostente debe tener acreditada competencia profesional e idoneidad, lo cual incluye a la mayor parte de la población española, máxime cuando esas habilidades se juzgarán de acuerdo a los criterios de la persona que los nombre.
¿Cuáles serían los méritos, según mi parecer, que debería acreditar quien ostente la Presidencia de una Autoridad Portuaria?
1. Humildad. Aterrizan en un sector de gran trascendencia y peso económico, con empresas y profesionales de comprobada trayectoria, en un entorno altamente competitivo, y muchas de ellas con muchas décadas de experiencia. El Puerto existía antes de su llegada y existirá después de su salida. La comunidad portuaria necesita de una Presidencia que la defienda, la represente y la engrandezca, y que aporte valor al conjunto. El célebre chef peruano Gastón Acurio, señala la humildad como uno de los ingredientes básicos en su cocina, y esta máxima es extrapolable a cualquier actividad profesional.
2. Comercial. El sistema portuario español e internacional es muy competitivo, tanto si hablamos de conseguir Navieras, como de atraer empresas y negocios a la zona de influencia del puerto. Tener una Presidencia con un talante «comercial» es de enorme ayuda, y en muchos casos es un factor de éxito decisivo. Inglés (y mejor si se dominan más idiomas), disponibilidad, accesibilidad y entusiasmo; serían los requisitos deseables para el puesto. Esto, que puede parecer obvio, no es tan frecuente como debiera.
3. Liderazgo. Llegan a la Presidencia de un organismo, con funcionarios con muchos años de dedicación, las inversiones y planes de desarrollo son proyectos a largo plazo, y una de las primeras tareas debe ser conocer y respetar al equipo directivo que van a liderar. Deben implicarse, ser ejemplares en cuanto a la dedicación, defender al puerto en todas las administraciones, aunque ello implique olvidarse a veces del carnet del partido. Y aportar su trabajo, experiencia previa y habilidades de liderazgo, para dejar el puerto, un poco mejor de lo que lo encontraron.
4. Transparencia en la gestión. No solo hablamos de cumplir la ley, que eso debemos hacerlo todos, sino de promover una gestión transparente. Una gran parte de la sociedad no valora lo suficiente el papel de los puertos en el desarrollo y bienestar económico de los municipios y ciudades donde se emplazan, y además siguen existiendo estereotipos negativos acerca de «las leyes de los puertos». Muchos puertos manejan grandes presupuestos, con muchos intereses en juego, y es allí donde la transparencia en la gestión, y en las reglas del juego para todos los miembros de la comunidad, sería más que necesario.
Un saludo afectuoso a las mujeres (3) y hombres (25) que ocupan las 28 Presidencias de las Autoridades Portuarias de España. En el ámbito de la igualdad de género, todo el entorno portuario aún tiene mucho trabajo por hacer.
